30/07/2025
Guy Avril: Memoria viva de Obut
Una vida al servicio de la bola
En OBUT, algunos recorridos dejan una huella profunda en la historia de la empresa. Son testigos privilegiados de su evolución. Guy Avril es uno de ellos. Presente desde hace décadas en los talleres de Saint-Bonnet-le-Château, ha representado por sí solo la pasión, la exigencia y la fidelidad que han hecho de OBUT una marca emblemática. A través de sus palabras se narra un capítulo entero de la historia de la petanca y del saber hacer francés.
Viaje al pasado: sus comienzos en OBUT
Cuando Guy Avril se incorporó a OBUT en 1958, no imaginaba que dedicaría 39 años de su vida a la empresa, hasta su salida en 1997. En aquel entonces, OBUT daba sus primeros pasos en un pequeño edificio llamado Montchaud, en Saint-Bonnet-le-Château. El taller era muy básico, con un suelo de tierra, y entre sus primeras tareas, Guy participó en la realización de la losa de cemento que transformaría por completo el lugar de trabajo.
En sus inicios, OBUT funcionaba como un auténtico taller artesanal
Al principio, OBUT era como un verdadero taller de artesanos, donde cada bola se moldeaba a mano, con una atención casi intuitiva. Las máquinas eran simples, a veces improvisadas, pero la exigencia del gesto era muy real.
"Al principio, cuando trabajábamos, era muy rudimentario, porque todo el almacén estaba al aire libre. Y en invierno, créanme, no hacía calor. Entrábamos barras de acero de 6 metros y las cortábamos a mano. Era una producción muy mínima."
Guy Avril: los comienzos de Obut en sus manos
Al principio, la fabricación de bolas de petanca era todo un ballet manual.
"Primero cortábamos discos de metal. Luego, cuando ya teníamos suficientes, desmontábamos la prensa de corte para volver a montarla como prensa de embutición. Calentábamos los discos en un horno de gas o de fuel, y luego los embutíamos para formar una semiesfera. Una vez frías, las semiesferas se chaflanaban. Después, se ensamblaban manualmente las dos mitades, se soldaban con varilla y, por último, pasaban al estriado."
De los discos al tocho: Guy Avril, testigo de la evolución industrial de OBUT
A lo largo de sus 39 años de carrera, Guy Avril fue testigo privilegiado de las grandes transformaciones industriales de OBUT. En 1964, se incorporó a los talleres actuales, lo que supuso un paso clave en el desarrollo de la empresa. Poco a poco, los gestos manuales dieron paso a una primera forma de automatización: un horno redondo, semiautomático, donde se apilaban discos metálicos que se calentaban y luego se embutían uno a uno por el operario. Era el inicio de la modernización.
En aquella época, OBUT trabajaba exclusivamente con acero plano, sin forja, realizando operaciones de corte y embutición. Pero con el avance de las herramientas, la empresa alcanzó otra dimensión: internalizó la soldadura, luego el tratamiento térmico, y más adelante introdujo el horno de inducción. En 1972, la llegada del cizallado supuso un nuevo avance.
Un crecimiento fulgurante
La productividad se multiplicó por diez, impulsada por las primeras automatizaciones, la mejora de los procesos y el refuerzo del equipamiento. El pequeño grupo inicial se convirtió en un equipo unido de una veintena de personas, y luego el crecimiento se disparó. Así lo recuerda Guy Avril, con los ojos llenos de recuerdos.
OBUT en plena expansión, vista por Guy Avril
A finales de los años 70, y especialmente en 1976, OBUT contaba con casi 160 empleados. Una expansión impresionante que Guy vivió desde dentro, orgulloso de ver crecer a la empresa sin perder su alma. Guarda el recuerdo de un impulso colectivo, de un orgullo compartido: el de construir juntos algo sólido.
El orgullo de un recorrido cumplido
Tras 39 años en el corazón de los talleres OBUT, Guy Avril contempla su trayectoria con sencillez y serenidad. «Estoy contento con lo que hice en mi vida. Me gustó mi trabajo. Hice lo que pude durante 39 años, y no me arrepiento de nada», confiesa con esa humildad entrañable que lo caracteriza. Lo que guarda en la memoria no son las cifras ni las máquinas, sino la pasión por el trabajo bien hecho, el ambiente del taller y los compañeros convertidos en amigos.
Guy Avril: la memoria viva de la empresa
Es la memoria viva de la fábrica OBUT. Ha vivido casi cuatro décadas de transformaciones, desde la artesanía pura hasta la modernización industrial, sin perder nunca el hilo del saber hacer.
Para seguir el viaje, descubre el retrato de Guy Avril en vídeo.
A través de sus palabras y su mirada, revive un capítulo de la historia de OBUT, hecho de gestos sinceros, recuerdos valiosos y un profundo amor por el oficio.
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